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Abr

Exit out

Escrito el 15 abril 2009 por Mario López de Ávila en estrategia

Abandonar un proyecto es una opción estratégica más, a veces la única inteligente.  No es una frase que vayáis a escuchar a menudo en las aulas de una escuela de negocios, pero pocos la pondrán en duda.  También es una de las decisiones más difíciles a las que se puede enfrentar un emprendedor y a veces me pregunto si hacemos lo suficiente para preparar a nuestros alumnos con relación a este tema.

En todo proyecto llega un momento en el que las cosas dejan de ser ‘divertidas’.  El dinero tarda mucho más en llegar de lo que tenías previsto, los gastos crecen a pesar de todos tus esfuerzos para mantenerlos bajo control y, en general, todo lo que puede salir mal, sale mal.  Tarde o temprano te preguntarás si ha llegado el momento de abandonar.

En principio, parece obvio.  Seguir o no adelante dependerá del dinero de que dispongas, del ritmo al que gastas ese dinero y de las perspectivas de tu negocio… pero a la hora de la verdad, creedme, no es tan fácil decidirse.

Has invertido tanto en tu proyecto!  Has asumido compromisos con tu equipo, con tus socios o con inversores… Te preguntas si lo que estás pasando no es más que el precio que hay que pagar para tener éxito.  Te dices que todo lo que merece la pena merece el esfuerzo.  Te dices que no eres más tonto que los demás, que es cuestión de tiempo, que lo conseguirás.

Lo que ocurre es que no tienes forma de saber si estás yendo de cabeza a un precipicio, si te encuentras en un callejón sin salida o si, simplemente, esto es “lo normal”.  Estás demasiado cerca de la situación para ser objetivo, por mucho que pienses que lo estás siendo.  Somos muy buenos engañándonos a nosotros mismos.

¿Ha llegado el momento de abandonar?

Renunciar no es necesariamente malo.  Es bueno renunciar a todas esas cosas que nos distraen, nos roban energía, tiempo, recursos.  Es bueno renunciar, para empezar otra cosa, algo en lo que podáis dar lo mejor de vosotros mismos.  Pero también es necesario recordar que a menudo fracasamos porque renunciamos demasiado pronto.

La verdad es que es muy difícil tomar esta decisión cuando se te presenta.

Por eso hay que tomarla antes.  Esa es la clave.

En primer lugar, es muy importante que hagáis explícito cuánto, en términos económicos y personales, estáis dispuestos a invertir [a perder] antes de abandonar el proyecto.  Debéis hacerlo desde el principio, mientras elaboráis el Plan de Negocio.  Luego, debéis asumir el compromiso firme de respetar esos límites.  Cuando llegue el momento, no podréis dudar.

En segundo lugar, preparad un Plan de Contingencia, con opción de cierre incluida.  Es un ejercicio de sano realismo que mejora significativamente cualquier plan de negocio.  Puede ser algo tan sencillo como seleccionar unas pocas métricas financieras y no financieras de control, establecer unos umbrales de “alarma” y definir directrices claras para la toma de decisiones.  Os servirá de ayuda llegado el momento.

Por último, una vez en marcha, si véis que las cosas no mejoran, vuestra primera opción debería ser cambiar de táctica.  En otras palabras: sed creativos.  La creatividad es el mejor aliado en vuestra lucha por salir adelante cuando llega el momento de plantearse si no será mejor abandonar.  Las circunstancias no son inamovibles, a menudo son sensibles a nuestros esfuerzos, podemos influir en ellas.  En cualquier situación, dispondremos siempre de muchos más recursos de los que a primera vista pudiera parecer.  Recordad que incluso una deuda puede ser, en un momento dado, un “recurso” – siempre podéis venderla al mejor ‘postor’!  Usad la cabeza.  Buscad alternativas.

Resumiendo: cuándo renunciar es algo que se debe tener claro antes de empezar; después, puede ser mucho más dificil.

Lectura recomendada:”Salir del abismo”, Seth Godin, Editorial Granica, 2008

Comentarios

Antonio 17 abril 2009 - 11:06

Mejor renunciar, que seguir empecinado en algo que no funciona dándonos cabezazos contras las paredes… A otra cosa, mariposa!

Francisco Reina 20 abril 2009 - 11:18

Comparando lanzarse a emprender y crear tu propia empresa, con tener un hijo (lo ves nacer, le das de comer, lo cuidas, e incluso imaginas cómo y qué será de mayor) abandonar tu propia empresa es algo muy duro. Sé que puede ser un poco exagerado pero por lo menos a mi me ocurre. Todo el cariño (tiempo, dinero, problemas, etc) que le has puesto, hace crecer un sentimiento en tu interior que te hace muy difícil abandonar aunque las cosas no vayan bien.
Por esto Mario, y para dejar de lado los sentimientos, estoy de acuerdo contigo, en que antes de empezar dispongamos de unos indicadores objetivos de emergencia, que nos permita actuar sin la subjetividad anterior, y nos indique que ya es hora de saltar del barco, que nuestro tiempo ha acabado. Aunque es

Víctor Fernandez 30 abril 2009 - 13:00

Totalmente de acuerdo contigo Mario.

En los últimos años he tenido la suerte o la mala suerte de ver cómo algunos de los proyectos de conocidos cercanos se venían abajo y debían enfrentase a esa duro momento que planteas. En ninguno de los casos han sido momentos fáciles para ellos, pero es cierto que en alguno de los casos, la minoría por desgracia, las cosas estaban prevista y se ven las diferencias. Tener planteado un plan de contingencia o delimitado el punto a partir del cual no seguirás ayuda. Evita el caos y la angustia extrema a la que se puede llegar en otras circunstacias. No hace que las cosas sean agradables, pero si facilita el camino para hacer borrón y cuenta nueva. Eso es claro.

Por todo ello estoy tan de acuerdo contigo. Plantearnos qué es lo que haríamos si las cosas salen mal es una asignatura pendiente que tienen/tenemos los emprendedores.

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